PEMP: qué es y para qué es útil

MI PATRIMONIO

¿Cómo se hace para recuperar, restaurar y poner en valor los más de 1.100 inmuebles que el Estado colombiano ha declarado como Bienes de Interés Cultural Nacional? Esto sin contar los que cada departamento o municipio ha venido decretando como tales.

La pregunta puede ser todavía más compleja: ¿cómo se hace cuando ese inmueble ha sido reconstruido, demolido en alguna de sus partes o reacondicionado para servir de distintas maneras a lo largo de los siglos? Cuando ya no es ni el original ni un buen reemplazo. ¿Y cómo se hace cuando ese bien ha pasado por diversos dueños o ha sido despiezado en partes más pequeñas? Eso ocurrió en el siglo XIX cuando los bienes de la iglesia católica fueron apropiadas por la naciente república y que en algunos casos se remataron luego a manos particulares.

Y si se siguen profundizando las preguntas: ¿cómo se hace cuando a lo largo de los siglos han variado las normas para el uso de suelos o de edificaciones; o cuando se contradicen unas con otras; o se superpone el rango municipal con el nacional; o hay vacíos legales que no fueron llenados en su momento; o cuando un predio corresponde al mismo tiempo a dos usos; o no aparece en el catastro?

¿Y qué pasa con el valor histórico? ¿Si hay restos arqueológicos, arquitectónicos, artísticos o antropológicos presentes? ¿Cómo se garantiza que el inmueble se mantenga en adelante en las condiciones adecuadas?

Y al final una pregunta clave, sin la cual todo lo demás no se resuelve: ¿cómo se puede lograr la sostenibilidad económica: recuperar, restaurar y darle un uso que permita que en el largo plazo ese bien siga en pie por muchísimos años como testimonio de una época?

En Colombia las respuesta a todas esas complejas preguntas es rápida de decir, pero tremendamente difícil de concretar: un PEMP.

Norma de normas

Lo más directo es decir que un Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) es una norma de normas: está por encima los demás decretos, ordenanzas o disposiciones previas. De hecho organiza lo disperso, lo inconsistente o aquello que se contradice. Es una norma de mayor jerarquía que atiende al principio de coordinación nacional y distrital o municipal.

La definición concreta, según el Ministerio de Cultura es que el PEMP es “un instrumento de gestión del patrimonio por medio del cual se establecen las acciones necesarias para garantizar su protección y sostenibilidad en el tiempo”.

Aquí es importante señalar la diferencia entre los PEMP Urbanos como el que se está tramitando para el Centro Histórico de Cartagena -y que se han aprobado para otros centros históricos como la Candelaria en Bogotá y el de Mompox-; y los PEMP del Grupo Arquitectónico como el de las Murallas o del Proyecto San Francisco, como se detallará más adelante.

Para ser aprobado por el Ministerio de Cultura, un PEMP debe contener un nivel muy sofisticado de detalle sobre lo que se puede o no se puede hacer en términos de arquitectura, patrimonio, arqueología, preservación o puesta en valor de un Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional (BICN).

Ahora bien: un PEMP se aplica a un grupo específico de bienes que están unidos por alguna razón histórica o de ubicación. No puede haber un PEMP para todo el territorio nacional o para un departamento en abstracto. ¿Por qué? Justamente porque un PEMP está hecho para resolver y proteger las particularidades de un bien que tiene su propia historia, contexto y condiciones. Por eso tiene que ir al detalle y ser tan específico. Por definición no puede haber un PEMP que cubra al mismo tiempo el sitio arqueológico de San Agustín (Huila) y el edificio de La Aduana, en Barranquilla. Son dos contextos y condiciones muy distintas.

Y que deba ser tan específico tiene un problema: es extremadamente difícil de hacer. Hay muchas dimensiones por contemplar. Sin ser exhaustivos y en un lenguaje más coloquial que el lenguaje técnico -que es vital para que un PEMP diga de manera exacta lo que tiene que decir- podemos enumerar algunos elementos básicos que un PEMP debe contestar o resolver:

  • Historia: ¿Cuándo se construyó el inmueble y qué cambios se le han hecho a lo largo de los siglo? ¿Se ha demolido, reemplazado o reformado? ¿Cuándo y con qué técnicas?
  • Tradición predial: ¿A quien -personas o entidades- pertenece o ha pertenecido ese predio y bajo qué condiciones? ¿El predio ha sido siempre el mismo, ha sido fraccionado o resultó de la unificación de distintos predios? ¿Y cómo se expresado eso en la organización espacial de la ciudad o, para épocas más avanzadas, en el registro predial? ¿Hay divergencias?
  • Usos: ¿Cuál fue su propósito original? ¿Cambió con los años? ¿Tuvo distintos usos? Y en ese caso ¿cuál prevalece a la hora de preservar y poner en valor?
  • Arquitectura: ¿Qué estilo o valores representa? ¿Quién fue su autor o autores? ¿Con qué técnicas constructivas se hizo? ¿En qué estado se encuentra la estructura? ¿Qué se destruyó o modificó? ¿Qué hay que cambiar, reemplazar o construir? ¿Con qué criterio y técnicas?
  • Valor patrimonial: ¿La comunidad alrededor del inmueble, su pueblo o ciudad lo considera como un bien que vale la pena preservar porque representa algún momento de su historia o de sus valores?
  • Valores arqueológicos o históricos: ¿Cómo se preservará expondrá o comunicará lo que se ha encontrado en las excavaciones, si es el caso? ¿Dónde se traza la línea de lo que debe preservarse?
  • Valores artísticos y estéticos: ¿Hay piezas como murales, esculturas, etc, que hacen parte integral del inmueble? ¿Cómo se recuperarán?
  • Antropológicos: ¿Qué pasa con restos humanos o huellas materiales de la vida en otra época? ¿Se debe conservar un pedazo de botón, un trozo de bacinilla o una botella del siglo XX?

Ese nivel de detalle deriva en unas obligaciones para la persona o institución propietarios del inmueble. Tomemos por caso los hallazgos arqueológicos. ¿Qué se debe hacer con lo que se encuentre en las excavaciones, que es algo común para este tipo de inmuebles? El hallazgo de restos y actividad humana es bastante común porque muchas poblaciones se fundaron sobre asentamientos indígenas o porque durante la Colonia era costumbre que en los atrios de las iglesias se enterrara a los fallecidos sin recursos para un nicho en la iglesia. En Colombia esos restos humanos deben ser analizados por un laboratorio especializado y autorizado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), que no son muchos. Para el caso cartagenero eso implica, por ejemplo, llevarlos a examinar al laboratorio de bioarqueología de la Universidad del Norte, en Barranquilla.

Y como norma general un PEMP debe ser exhaustivo para respaldar lo que se va a hacer, muy preferentemente a partir de hechos probados y material documental.

Según explica el arquitecto restaurador Rodolfo Ulloa, para intervenir un inmueble BICN hay que: “definir los momentos más icónicos, aquellos en que se le agregó mayor valor a la edificación, liberando los agregados que ocultaron sus valores y restituyendo los faltantes que permitan entenderlo como un todo, sumando los valores, momentos y circunstancias que hablan de su evolución”.

Así, prosigue Ulloa: “ni se mantiene todo; ni se suprime todo; ni se reconstruye todo. Solo los componentes sobre los que se tienen una documentación demostrada y demostrable. Para eso se apela a toda la documentación disponible, sea histórica, cartográfica, planimétrica, documental, aerofotográfica, entre las principales. Todo ese material se cruza. La edificación en sí misma es un documento y es el más confiable de todos. Aún así, como todo documento tiene que ser interpretado”.

Como se ha visto, pasar del PEMP a la realidad concreta de un edificio o un inmueble restaurado y en funcionamiento para ser sostenible en las siguientes décadas es una labor que se desdobla en un enorme abanico de profesionales y acciones: arqueólogos, historiadores, restauradores, arquitectos, ingenieros, abogados, administradores, obreros, economistas, comunicadores y un larguísimo etcétera.


¿Y Cartagena?

En la lista oficial del Ministerio de Cultura de 2018, Cartagena tiene 95 Bienes de Interés Cultural de los 1.106 en todo el país. Eso es una proporción altísima: uno de cada once del ámbito nacional están en la ciudad.

De esos 95 unos cuarenta tienen que ver con las murallas: baluartes, fuertes, cortinas y baterías tanto las del Centro y Getsemaní como las de Tierrabomba. Para ellos el Ministerio de Cultura proyectó un PEMP de Grupo Arquitectónico, que es diferente al del Centro Histórico, que es un PEMP Urbano.

Los inmuebles religiosos como la Catedral, claustros, iglesias y ermitas suman al menos 16, incluyendo dos cementerios. También están designadas con BICN distintas casas particulares, unas quince, muchas de ellas en Manga.

Un caso curioso es que aparece registrado como si fuera de Cartagena el Buque Gloria, la nave insignia de la Armada Nacional. Y no solo el buque sino, en un ítem aparte, su colección de ornamentos e instrumentos antiguos de navegación, que es el único de los 95 BICN que figura como bien mueble, en contraposición con los demás, que son inmuebles.

Entre la veintena larga que restan por mencionar están muchos sitios obvios para los cartageneros: la puerta del Reloj, el Palacio de la Proclamación, la sede de la Alcaldía, el Museo Naval, el Palacio de la Inquisición, la Plaza de Bolívar o el Parque Centenario.

Hay otras que corresponden al siglo XX, porque también se consideran patrimoniales y deben ser preservadas tales como la Casa de Huéspedes Ilustres, en Manzanillo, el Estadio de Béisbol 11 de Noviembre, el Pasaje Porto o el hotel Caribe.

PEMP y proyecto San Francisco

El proyecto San Francisco contempla la construcción de un hotel de estándar internacional, de 132 habitaciones, con distintas dependencias, locales comerciales y áreas de circulación pública. Está siendo construido en lo que alguna vez fue el conjunto del convento de San Francisco, donde comenzó Getsemaní. Este conjunto fue desmembrado en el siglo XIX y luego vuelto a reunir en parte por Cine Colombia a lo largo del siglo XX. También hacen parte del proyecto el antiguo Club Cartagena, los edificios Puerta del Sol y Morales Hermanos, y la antigua casa Ambrad.

El Claustro y el Templo de San Francisco en conjunto con el Club Cartagena han sido declarados inmuebles BICN y el PEMP los denomina como área afectada. Los demás predios hacen parte de la zona de influencia señalada en el mismo PEMP. Los tratamientos e intervenciones que se deben hacer en uno y otro caso son, pues, diferenciales entre las dos zonas.

El antiguo Club Cartagena fue comprado por la sociedad promotora y hace parte integral del proyecto hotelero. El Claustro y el Templo de San Francisco pertenecen al Círculo de Obreros de San Pedro Claver, institución a las que le fueron concedidos por el gobierno nacional en 1949. El Círculo de Obreros y el proyecto San Francisco firmaron un acuerdo de gestión patrimonial en el que este último asume las obligaciones de la Ley de la Cultura respecto del mantenimiento, preservación, puesta en valor y acceso de esos inmuebles patrimoniales.

En los BICN prima la restauración llamada “monumental”. Cualquier intervención debe seguir una serie de protocolos y requiere de especialistas en conservación y restauración de patrimonio para formular el plan arquitectónico. El uso que se le va a dar debe ser consecuente con su historia y cualquier adecuación para ese nuevo uso debe poder ser luego revertida sin afectar la estructura original. Dicho de otra manera: importa mucho más conservar el edificio que la función que se la vaya a dar.

Los otros espacios inmuebles -los del área de influencia- corresponde en buena medida a las antiguas huertas del convento en la época colonial y donde también estuvieron alguna vez las capillas de la Veracruz y de San Antonio. En esos espacios funcionaron en el siglo XX teatros como el Cartagena, Colón, Variedades, Rialto, Calamarí y Bucanero. A ellos se suman los ya mencionados casa Ambrad y edificios Puerta del Sol y Morales Hermanos.

En el área de influencia se pueden generar nuevas construcciones que están contempladas en el PEMP, que regula sus características técnicas y arquitectónicas. En este caso el núcleo de habitaciones hoteleras. Combinando las intervenciones entre área afectada y área de influencia se puede lograr la sostenibilidad del proyecto; generar espacios nuevos permite garantizar las inversiones necesarias para preservar los inmuebles BICN, que serán recuperados hasta llevarlos a puntos muy cercanos del inmueble original -como el Claustro, el Templo y el Club Cartagena- o mantener las fachadas que tienen valor para la memoria colectiva como es el caso del antiguo Teatro Cartagena.

El PEMP del proyecto San Francisco fue aprobado mediante la Resolución 1458 del 22 de agosto de 2015, del Ministerio de Cultura. Su título formal es "PEMP del conjunto de inmuebles denominados Club Cartagena y Claustro de San Francisco, localizados en la Manzana 135 del Barrio Getsemaní de Cartagena de Indias, declarados Bien de Interés Cultural del ámbito Nacional y de su zona de influencia". Fue dirigido por el arquitecto Rodolfo Ulloa, con la codirección del arquitecto Ricardo Sánchez Pineda.

Más detalles sobre BIC y PEMP

  • Los Bienes de Interés Cultural (BIC) pueden ser de los ámbitos nacional, departamental, distrital, municipal, de los territorios indígenas o de las comunidades negras, y su declaratoria debe hacerse mediante un acto administrativo. La N final en BICN significa que se trata del orden nacional.
  • Los BIC inmuebles se dividen en dos grandes grupos. El primero lo constituyen los BIC de Sector Urbano, por ejemplo el Centro Histórico de una ciudad o espacios públicos relevantes.
  • La otra división de inmuebles BIC es el Grupo Arquitectónico, definido como “edificaciones individuales con valor excepcional. Entre ellas se destacan las construcciones de arquitectura militar, habitacional, religiosa, institucional, para el comercio, para la industria, para el transporte, obras de ingeniería e infraestructura y conjuntos arquitectónicos”, según define el Ministerio de Cultura.
  • No todos los BIC requieren un Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP). En los del Grupo Arquitectónico se recomienda cuando están en una de estas tres condiciones: “1) Riesgo de transformación o demolición parcial o total debido a los distintos tipos de desarrollo previstos en su entorno; 2) Cuando el uso del BIC represente un riesgo o limitación para su conservación; y 3) Cuando se requiera definir o redefinir la normativa del BIC y/o la de su entorno para garantizar su conservación”, según explica el Ministerio de Cultura.
  • Si se presenta alguna de las condiciones del punto anterior, los propietarios de un Bien de Interés Cultural (BIC) del Grupo Arquitectónico adquieren una serie de restricciones al derecho de propiedad y aceptan de manera obligatoria las cargas e imposiciones para garantizar su mantenimiento, conservación, sostenibilidad y conservación en el tiempo. Los propietarios deben formular el PEMP que garantizará la sostenibilidad del inmueble.
  • La Dirección Nacional de Patrimonio del Ministerio de Cultura es la encargada de evaluar las propuestas de PEMP y garantizar que estén bien formuladas antes de presentarlos al Consejo Nacional de Patrimonio, que es el que da la aprobación formal.
  • Un PEMP no es solo un instrumento de protección sino de gestión. Un punto clave es la sostenibilidad: prever un uso claro que garantice la recuperación y mantenimiento en el tiempo del inmueble. No solo la protección física sino lograr una vida útil y articulada con el entorno. Un PEMP también prevé mecanismos de divulgación de los valores arquitectónicos, históricos y estéticos del bien protegido.
  • Toda la complejidad arquitectónica de un PEMP se expresa en lo que se llama la Caja Normativa que especifica con detalle qué se debe hacer en cada aspecto del proyecto como las alturas o el nivel y detalles de la intervención.

La comunidad y lo inmaterial

Un PEMP -como se ha visto- se ocupa principalmente de los bienes materiales, que suelen ser casi siempre algún tipo de construcción. También hemos visto que ese carácter de bien material es el eje para que un PEMP se ocupe de los valores históricos y estéticos propios del inmueble.

Sin embargo, un PEMP no está completo si no contempla la relación con la comunidad y el entorno. ¿Qué representa ese inmueble BICN para la vida del barrio, para los espacios públicos, para la armonía visual y hasta para la circulación vehicular? ¿Cómo se le comunicará a la comunidad los avances? ¿Qué se va a apoyar para que haya un balance entre el entorno y el PEMP? ¿Y qué se hace cuando ha sido o es un bien privado como una casa familiar o un convento en uso de una comunidad religiosa o ha sido clausurado por años o décadas, sin acceso al público?

El PEMP entonces debe contemplar también esa relación entre el inmueble BICN y la comunidad donde se ubica. Pero eso, siendo muy importante, aún no es suficiente para mantener ese tejido invisible de cultura, tradiciones y memoria de una comunidad que es tan singular y que debe preservarse: desde la vida en Palenque o la tradición del Carnaval de Barranquilla, por poner dos ejemplos del Caribe colombiano. Sobre eso ha habido grandes avances en las últimas décadas promovidos por la Unesco y muy diversas organizaciones que van desde lo internacional hasta lo más local.

En el plano internacional la faceta más notable de estos últimos es la iniciativa de la Unesco para preservar el Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la Humanidad, del cual hay infinidad de casos protegidos y a los que cada año se agregan más. En el plano nacional esto adquiere la forma de un Plan Especial de Salvaguarda (PES) que buscar preservar todas esas manifestaciones tan particulares de algunas comunidades: las fiestas y carnavales, las tradiciones, las recetas y alimentos, los juegos, los relatos, la historia, las artesanías, la música, las medicinas o idiomas tradicionales y tantas otras manifestaciones únicas según sea el caso. En ese sentido la Ley de la Cultura avanzó y consideró Patrimonio Cultural de la Nación tanto los bienes materiales, que antes tenían el mayor peso, como los inmateriales, ahora protegidos por los PES.

Otra manera de decirlo: los PES son a la expresiones culturales inmateriales lo que los PEMP son a los bienes materiales.

Getsemaní casi por definición requiere de un PES. Pocos barrios en América Latina albergan tantas capas de historia, tradición y memoria como el nuestro. Pero un PES debe nacer principalmente de la comunidad, que es la que en primera instancia puede pronunciarse sobre aquello que debe preservarse porque lo considera parte de su identidad. Afortunadamente en Getsemaní hay un grupo de vecinos y profesionales con vínculos estrechos con el barrio que están trabajando en su formulación. Desde El Getsemanicense apoyamos con entusiasmo las iniciativas que desde allí surjan y de hecho tenemos un sello propio para las historias que tengan que ver con esa cultura inmaterial del barrio (PCI). En esta edición, por ejemplo, las tradiciones culinarias de la Semana Santa, tema del que también hablamos en nuestro editorial.

Las dos imágenes de este artículo son proyecciones artísticas de cómo lucirá el conjunto hotelero San Francisco.

Las dos imágenes de este artículo son proyecciones artísticas de cómo lucirá el conjunto hotelero San Francisco.