Íconos musicales del barrio

CULTURA VIVA

José Guillermo “Cheo” Romero Verbel:  “Cheo Romero nació y se crió en la calle Espíritu Santo. Fue el único hijo de sus padres, Guillermo Romero y Bienvenida Verbel. Sin embargo, su familia fue muy numerosa porque ellos adoptaron a muchos niños y primos de la familia. Desde muy joven le gustó la música y su mamá lo apoyaba en todo, aunque ella quería que él fuera un abogado. A Cheo no le gustaba ir al colegio, porque su pasión era la música. Tanto así que se escapaba por ir a ver bailes en las ventanas de los salones y los picó. En bachillerato conoció a cierto personaje y él decide dejar sus estudios por irse detrás de los picos”. 

“Le gustaba mucho escuchar a Los Jíbaros, pues siempre le gustó la salsa. Creo que fue uno de los mayores conocedores de la salsa en el país. También fue un ferviente por la radio. Su carrera como locutor comenzó en Todelar, pero haciendo los mandados de los locutores de esa época “Cheito, ve y cómprame tal cosa, Cheito ve y resuelve esto”. Su primera experiencia como locutor fue a los 16 años en temas deportivos. En el 84 conoció a César Fernández, de Emisora Olímpica, y ahí también estableció amistad con Micho Paternina y otras personas, que le dieron la oportunidad de conocer a Rafael Orozco. Fue amigo personal de muchas estrellas de la salsa y vallenato”. 

“Una vez se iba de gira y llega a la casa: mi amor, me voy de gira por España con Los Diablitos. Alístame dos pantalones y dos camisas, solo son 15 días, pero no me metas Colgate ni nada de eso, porque me los quitan en el aeropuerto. Pasaron seis meses y Cheo no regresaba a la casa. Nuestro hijo preguntaba: -Ajá, mami, ¿peleaste con mi papá y lo echaste?- Me tocaba llamar al papá y que le explicara”. 

“En Getsemaní es muy recordado. Perteneció al club los Happy Boys, siempre vestidos con ropa blanca y que era integrado por vecinos como el doctor Caballero. Todas las muchachas querían bailar con ellos. Cheo se encargaba del show central de la fiesta, porque él era el artista”. 

“Cheo murió a los 66 años, el miércoles 25 de marzo de 2015, en nuestra casa en Turbaco. Él sí que supo gozar su vida. Fue un buen padre y esposo”. 

Testimonio de Borna Felix, esposa de Cheo Romero.

 
Lucho Pérez: Luis Guillermo Pérez Cedrón o Lucho Argain):  El autor ‘El Getsemanisense’, considerado del himno informal del barrio, nació el 20 de febrero de 1927 en la calle San Juan, donde vivió muchísimos años. Hijo de Nausicrate Pérez Ricardo y Manuela Cedrón, ambos de Córdoba. Lucho, fue el quinto hijo de los siete que tuvieron. A los seis años quedó huérfano, por lo que tuvo que desempeñarse en varios oficios desde temprano. A los 17 años entró al ejército, en donde compuso dos canciones para llevarle serenata a la prometida de un compañero: ‘Ana Leonor’ y ‘Eres mala conmigo’.

El Getsemanisense nace porque alguien le dijo a mi padre -Lucho, ¿tú por qué no compones algo a Getsemaní?-. Entonces, quiso componer algo donde narrara sus vivencias: desde dónde nació hasta lo que en ese momento era el barrio. La composición la empezó a cranear en los años sesenta. Le  duró más de dos años entre quitar y poner, de hablar con los amigos y hacer la rima”, nos cuenta su hijo, Nausicrate Pérez.  

Sus primeras grabaciones fueron con Pedro Laza y sus Pelayeros. Luego, lo presentaron con Antonio Fuentes, creador de la mítica Discos Fuentes, quien le propuso dirigir la agrupación la Sonora Buscapié, que después sería la Sonora Dinamita. “Mi papá fue el gestor y creador de la Sonora Dinamita, a la que le pusieron ese nombre con un representante de Discos Fuentes. Fue cantante, intérprete y compositor. Tocaba la guacharaca, las maracas, intentó algunas veces con la guitarra pero no la perfeccionó. Tenía un oído espectacular para la música. Después de la Sonora Dinamita varias orquestas colombianas interpretaron El Getsemanisense, como el Grupo Macambila, Juan Piña, la Sonora Santanera”, dice su hijo. 

“El primer éxito compuesto para la Sonora Dinamita llevó por título "Yo la vi", y fue un hit en Venezuela y Colombia. Luego vinieron "Cumbia barulera", "Golpes que da la vida", "Yo por ti", "La vieron llorar", "Ay ay ay", "No me dejes solo", "Se me perdió la cadenita", "Se fue Carmen", "Las caleñas", "Del montón" y "La cumbia nació en Barú", cuenta Radio Nacional. 

Al maestro Pérez lo recuerdan sentado de madrugada en el pretil de la calle San Juan, con su termo de café para ver pasar la vida y la gente, buscando inspiración. Murió el 15 de enero de 2002. 

Delly Delanoise: “Para mí es un honor ser la intérprete del himno del cabildo de Getsemaní, que estrenamos el año pasado. Camino por sus calles y me siento feliz conmigo misma; siento que estoy caminando con mis recuerdos y con mis ancestros. A pesar de no haber nacido en el barrio soy muy unida a él. Mis padres sí son cien por ciento getsemanicenses. Mis abuelos por parte de padre y madre vivieron ahí”. 

“De hecho, mi mamá Maritza de Ávila López, nació en la calle Espíritu Santo y me cuenta que desde pequeña se escapaba para ver bailar a la gran Delia Zapata. Con mi mamá di mis primeros pinitos en el folclor, empezaba a cantar las canciones típicas de la época. Mi abuela venía del Magdalena por lo que tenía toda esa influencia de la cumbia y el bullerengue. La música es mi medio de trabajo social. Soy defensora de los derechos de la mujer y de la mujer afro”.

La conocen como ‘La Niña Bantú’. Es artista integral: cantante, bailarina y actriz. Ha participado en producciones musicales, telenovelas, cine, teatro y canto. Actualmente se encuentra en las grabaciones de la telenovela "Esthercita Forero, la novia de Barranquilla" y el próximo mes sale al aire la bionovela de Martín Elías, en la que participó. 

Faruk Kozma: Nació en una casa accesoria al final de la calle del Pozo. “Mientras fui creciendo el puente Román se convirtió en mi lugar favorito para sentarme y ver hacía la bahía, inspirarme y componer. De niño tenía nódulos en las cuerdas vocales y mi familia no lo sabía. Nadie pensó que en realidad iba a ser cantante. Le agradezco mi formación musical al buen gusto de mi papá, quien para mí es la persona que colecciona la mejor música. Y eso que aquí mucha gente escuchaba buena música”. 

Su primera presentación en vivo fue en la plaza de la Trinidad en la coronación de la candidata del barrio al Reinado de la Independencia. En 2013 ganó el primer premio como mejor canción tropical otorgado por el Instituto de Patrimonio y Cultura (IPCC). En 2017, realizó una gira musical por Argentina, Ecuador y Bolivia, acompañado de su esposa, con quien está trabajando en nuevos temas musicales. Interpreta sus canciones con el grupo Crazy Salsa y toca con otras agrupaciones.

Lorena Salguado: “Nací y me crié en Getsemaní, en el callejón Angosto. Viví toda mi vida ahí. Me mudé porque me casé y conformé mi hogar. Sin embargo, allá viven mis papás, mis hermanas y hermanos con sus respectivas familias. Mi papá, Francisco Salgado, es un hombre muy reconocido en el barrio. Getsemaní tiene todo que ver con mi carrera musical. Recuerdo que cerca de la Plaza de la Trinidad vivían los hermanos Lezama con quienes empecé mi carrera. Ellos me ayudaron mucho. A mí y a muchas personas y grupos. Antes de ser su alumna, yo me asomaba por la ventana y me llamaban. En las tardes me ponía con la guitarra y a cantar”.  

“Mi vida como cantante profesional inició a los 18 años, con la orquesta Arena Caliente, de una empresa de orquestas de la ciudad. En 1995 se me presentó una oportunidad de viajar a Malasia a cantar en un grupo de música latina, precisamente conformado por el maestro Rigoberto Lezama. Después, viajé tres veces más. Me considero una de las primeras cantantes que se dedicó a la música en ese país. Comencé cantando música tropical, pero me gusta más la salsa, el bolero y el son cubano. En 2017 grabé un CD que lleva por nombre ‘Hoy como ayer’, y son 10 canciones de boleros. También He grabado coros y sencillos con otros grupos”. 

Emidio Gaviria: “¡Yo soy getsemanicense neto! Nací en el callejón Ancho. La música fue un don que Dios me dio desde niño, pero en ese entonces yo no le prestaba atención. Cuando cumplí 27 años comencé a darme cuenta de mi talento. Cuando hacían presentaciones en la Plaza de la Trinidad yo subía a la tarima y cantaba. Yo canto salsa y bolero. En un tiempo estuve en una orquesta que se llama La Nicol”. 

“Recuerdo que cuando vivía el maestro Lezama él me dio la oportunidad de cantar con él. Al inicio yo llegaba a su casa y le decía que quería cantar y siempre me ponía trabas. Algún día hicieron un evento en la calle del Carretero, con su hijo Nelson Lezama que ahora está en Estados Unidos. Le pedí que me diera la oportunidad de cantar y Nelson le dijo al papá que me dejara subir. Canté tres temas: La Rebelión, del Joe Arroyo, Mujeres y Llorarás, de Oscar de León. De ahí la gente comenzó a conocerme y cada vez que hacían eventos en el barrio me llamaban, pero nunca puse de mi parte para vivir de la música, sino como afición”. 

Rigoberto Lezama:  “Mi padre es salvadoreño, llegamos a Cartagena alrededor del año 61. Nuestra primera vivienda fue en el Pie de la Popa, pero a los dos años nos mudamos para Getsemaní, en la Calle Larga. Uno de sus primeros alumnos fui yo, pero él con la enseñanza de la música siempre fue amplio, así que todo el que se le acercaba pidiendo ayudaba con preparación él lo hacía sin reparo”, cuenta Alberto Lezama, su hijo.

“Luego pasamos a la Plaza de la Trinidad con esquina de la calle Carretero y muchos años después vivímos en la calle del Espíritu Santo. Fueron aproximadamente cincuenta años en Getsemaní. Nuestra casa se convirtió en un ensayadero y escuela de música. Fue tanta su dedicación y el amor que nos inculcó por la música que terminamos conformando un grupo musical que se llamó ‘Los Hermanos Lezama’, del que mi papá era el director”. 

“Mi padre era muy duro como maestro, por eso muchos no terminaban el proceso. Sin embargo, preparó a muchas generaciones de músicos tanto en el barrio, como en la ciudad. Entre sus alumnos destacados se encuentran Juan Carlos Coronel e incluso el mismo Joe Arroyo. Su instrumento por excelencia fue la trompeta. Sin embargo, en su época de maestro tuvo la capacidad de enseñar cualquier instrumento, solo con la teoría. También se desempeñó como director y productor. De hecho, creó la primera orquesta Big Band de la ciudad. Él quería traer los ritmos que se escuchaban en Estados Unidos, como el jazz. Hoy en día tiene 91 años. Siempre quiso a Getsemaní, porque ahí vivió grandes momentos con la música”.