Foto: Fotografía: Maria Baranova-Suzuki.

El Colegio del Cuerpo estrena su Familia Animal

CULTURA VIVA

Este jueves 13 de diciembre se estrenó en el Centro de Convenciones la última obra de la Compañía del Cuerpo de Indias, que es el núcleo profesional de El Colegio del Cuerpo. Y el evento se realizó apenas a una cuadra de donde comenzó todo.

“Hay que recordar que El Colegio del Cuerpo nació hace 21 años en el Claustro de San Francisco, gracias al apoyo de la Fundación Social y el Círculo de Obreros. Allí nos acogieron en dos salas del segundo piso durante un par de años. Luego, ya como arrendatarios, ocupamos un gran espacio en el primer piso durante cuatro años”, recuerda Álvaro Restrepo, su cofundador y coreógrafo.

Restrepo recuerda cómo “este ámbito patrimonial sirvió de inspiración para que los niños del Colegio Inem y de La Milagrosa de Getsemaní iniciaran su camino en el arte de la danza. Getsemaní fue el nicho en el Centro Histórico que hizo comprender a estos niños que ellos también eran ciudadanos con derecho a disfrutar de  la poesía y realismo mágico de Cartagena”.

“Gabo nos visitó por primera vez en 1997 y nos honró de nuevo cuatro años más tarde en este mismo lugar, para hablarle a nuestros jóvenes talentos del poder de las vocaciones congénitas asumidas con goce y disciplina”.

El origen de Animal Family está en un curioso regalo que la diseñadora Olga Piedrahita le hizo a Restrepo: dos cajas de ropa de diseño suyo y una tercera caja con máscaras mexicanas de animales en papel maché.

A partir de ahí los bailarines de la compañía empezaron a explorar e improvisar hasta darle cuerpo a una obra que se completó en lo auditivo con sonatas de Johann Sebastian Bach y una versión contemporánea de Las Cuatro Estaciones, de Vivaldi, reinterpretada por Max Richter. En lo visual, Restrepo trabajó con las ilustraciones que Marc Chagall hizo para las fábulas de La Fontaine y luego con una serie de catorce ilustraciones creadas para la obra por el pintor y arquitecto Javier Combariza y animadas por el video  artista Lorenzo Giangrandi.

“Lo que en apariencia podría ser una inocente fábula infantil, habitada por simpáticos y traviesos animalitos, se fue transformando en un mundo en el que la crueldad y las tensiones entre los personajes describen el intrincado y retorcido universo de las relaciones humanas y familiares”, según describe la compañía.